Episodio #58 · 25 de enero de 2004 · narra 1800–1898
La historia de la mujer en San Juan en el siglo XIX
Con la participación de Dr. Félix Matos Rodríguez.
Sobre este episodio
A partir de su tesis doctoral, el doctor Félix Matos Rodríguez reconstruye la historia de la mujer en San Juan durante el siglo XIX y desmonta la imagen del San Juan «de los obispos, los capitanes generales y las fortificaciones». Documenta una ciudad que hasta mediados de siglo fue de mayoría mulata, negra y parda, con una población femenina que llegó a ser el 58%, y donde entre el 18% y el 20% de los habitantes eran esclavos dedicados sobre todo al trabajo doméstico urbano —un fenómeno casi ignorado por la historiografía puertorriqueña. Mondongueras, puerqueras, rebendonas, lavanderas y cocineras ocupaban los espacios públicos, y el cabildo legislaba una y otra vez para controlarlas, tanto por su condición racial (con el miedo a que se repitiera la experiencia de Haití) como por el afán de convertir a San Juan en una ciudad «bella, higiénica y ordenada». Matos Rodríguez muestra también el peso económico de las mujeres: cerca del 40% de la propiedad de la ciudad estaba en manos de mujeres —muchas viudas beneficiadas por las leyes de herencia— que cobraban alquileres, iban a juicio y defendían sus derechos. Las esclavas alquilaban sus servicios y a veces lograban comprar su libertad; la élite femenina, a través de la caridad y la beneficencia amparada por la Iglesia, formó las primeras juntas de damas proto-feministas. La emblemática anécdota de Bernarda Báez, la campanera mulata de la catedral que operó como «primer empleado fantasma» de Puerto Rico, ilustra cómo las mujeres trabajaban tras bastidores sin reconocimiento. El episodio contrasta el San Juan amurallado y comercialmente limitado con el auge azucarero de Ponce y Mayagüez, describe el desplazamiento de la población popular hacia extramuros (Puerta de Tierra, La Marina, La Perla) para construir Ballajá, y recoge el testimonio de los hermanos Emerson, visitantes tuberculosos de la élite protestante de Boston. Sobre todo, Matos Rodríguez replantea el debate urbano de la abolición: en San Juan la pregunta crucial no era quién cortaría la caña, sino quién plancharía la ropa, cocinaría y cosería para las familias.
Momentos
«El esposo muere y ella pide permiso para ser el primer empleado fantasma en la historia de Puerto Rico. Le pide al deán del cabildo eclesiástico, que es el grupo que rige la diócesis cuando no hay obispo, que le ponga el nombre de una persona de confianza, a un hombre, y que ella siga cobrando por ser la campanera en San Juan.»
— Félix Matos Rodríguez · ▶ 18:37
«En el contexto urbano, el gran debate de la abolición no tiene que ver con quién va a cortar caña, ni quién va a recoger café, sino es quién va a plancharme la ropa, quién va a hacer la comida en mi casa, quién va a coser la ropa de mi familia.»
— Félix Matos Rodríguez · ▶ 28:19
«Sale a la luz pública que el puesto más visible —y acuérdense que las campanas en aquella época regían el ritmo de la vida en San Juan, no habían relojes— que el puesto más público en la ciudad de San Juan era ocupado por una empleada fantasma, por una mujer y por una mulata.»
— Félix Matos Rodríguez · ▶ 19:08