El Archivo · La Voz del Centro

Episodio #432 · 4 de abril de 2011 · narra 18972011

El desarrollo v. la conservación

Con la participación de Javier Blanco Cestero.

Sobre este episodio

En este episodio de La Voz del Centro, Ángel Collado Schwarz conversa con el arquitecto Francisco Javier Blanco Cestero, primer director ejecutivo del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, sobre el falso dilema entre desarrollo y conservación. Para Blanco Cestero, conservar es simplemente el uso sabio y prudente de los recursos, y en una isla de apenas 35 por 100 millas el recurso decisivo es el terreno. El problema, sostiene, es una mentalidad heredada del cambio de soberanía en 1898: los puertorriqueños viven "en una nuez" pero se creen soberanos de un territorio ilimitado, imitando el modelo rural y suburbano norteamericano que sustituyó la plaza —el espacio democrático del pueblo— por el parque, la casita individual y la dependencia del automóvil, dejando al peatón sin lugar. El programa traza la pérdida de la planificación desde la demolición de las murallas y la puerta de tierra del Viejo San Juan y el desarrollo de suburbios como Miramar y el Condado, hasta la Ley de Planificación y Presupuesto de 1942 impulsada por Rexford Guy Tugwell —a quien Blanco Cestero considera el padre del Puerto Rico moderno— y su posterior debilitamiento bajo Luis Muñoz Marín y Rafael Hernández Colón, este último culpable, a su juicio, de crear los "municipios autónomos". Se examinan casos concretos: el desarrollo hotelero del Condado impulsado por Teodoro Moscoso, cuyos edificios arrojan sombra sobre las playas que pretendían vender; el desparramamiento financiado por la FHA en Puerto Nuevo y Levittown; la petroquímica desierta de Guayanilla; y el desperdicio de terrenos federales devueltos como Ramey, Roosevelt Roads, Vieques e Isla Grande. Como contraste positivo se cita a Singapur, catorce veces más pequeño pero disciplinado en su planificación. Blanco Cestero concluye con pesimismo pero con recetas claras: Puerto Rico no necesita más leyes —tiene de sobra—, sino disciplina y voluntad para implementarlas, empezando por eliminar los municipios autónomos y regionalizar la planificación. Ante la escasez futura de agua y alimento, y frente a un Tribunal Supremo que erosiona la ley de costas y sacraliza la propiedad privada, insiste en que el bien común es más sagrado que el interés particular y en que hemos perdido lo esencial: el conocimiento de que existen límites.

Momentos

En este episodio

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