Episodio #149 · 30 de octubre de 2005 · narra 1937–1959
Vivencias de un participante en la Revolución nacionalista de 1950
Con la participación de Heriberto Marín Torres.
Sobre este episodio
En este episodio, emitido en el 55 aniversario de la Revolución Nacionalista de 1950, Heriberto Marín Torres relata en primera persona su experiencia como joven nacionalista del barrio Coabey en Jayuya. Describe cómo conoció a Pedro Albizu Campos tras su regreso de prisión en 1947, la vida cotidiana junto al líder nacionalista —entrenamiento militar, educación política y la formación de un grupo de unos 40 jóvenes—, y la planificación del levantamiento que estalló el 30 de octubre de 1950. Marín Torres detalla la toma del cuartel de policía en Jayuya, la proclamación de la República de Puerto Rico por Blanca Canales, el posterior bombardeo por la aviación y la Guardia Nacional, y su arresto junto a decenas de nacionalistas. El testimonio incluye momentos de gran profundidad humana: la generosidad de Albizu con una mujer pobre del barrio, la angustia del preso Gregorio 'Goyito' Hernández Rivera al descubrir tras más de un año de incomunicación que su hija había muerto, y la reflexión de Marín Torres sobre las torturas psicológicas sufridas en prisión. Condenado inicialmente a cadena perpetua y 45 años, su sentencia fue conmutada tras nueve años gracias a campañas internacionales y nacionales de solidaridad.
Momentos
«vio a la esposa sola y la extrañó y le dice, ¿por qué no me trajiste a la nena? Y ahí dice, Goyito, tú no recibiste el telegrama, la nena hace seis meses que se ha muerto.»
— Heriberto Marín Torres · ▶ 44:25
«Blanca está desplegando, está sacando la bandera de Puerto Rico. Ella la agarra por un lado, por el lado izquierdo, yo la dejo por el lado derecho, y pone la pistola que ella lleva, un revólver, lo pone encima de la baranda del balcón, y ahí es que se da un viva a Puerto Rico Libre, ahí es que se proclama la República.»
— Heriberto Marín Torres · ▶ 32:51
«Yo me acerqué para darle la mano, muy tímido, y Don Pedro no me dio la mano, sino que me dio un abrazo, y me dijo, hijo, ¿cómo está ese corazón? Yo quedo admirado, pues eso fue. Ahí me acabo de robar el cariño y la admiración.»
— Heriberto Marín Torres · ▶ 7:16